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Mostrando entradas de mayo, 2017

El Tejedor. (microrrelato)

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No había mañana aun, cuando con mucho cuidado ordenó los hilos
Uno a uno, color por color, grosor por grosor, quedaron sobre la piedra distribuidos. Preparó el rollo de la urdimbre y fue colocando cada hilo en su lugar. Debía ser preciso, solo una vez podría hacerlo.
No había sol aun, cuando montó las lisas en el cuadro y el plegador al final.
Enrolló los hilos en orden para que el tejido fuese fuerte y flexible. Distribuyó el grosor para que ello se cumpliera y no fallara en el momento de tejer. Debía ser preciso, solo esta vez lo haría.
La luna no plateaba ninguna noche, porque noche no había aun.
Enhebró cada lisa de acuerdo al cuadro que le correspondía. Anudó el hilo al plegador y lo trabó dando tensión adecuada. Preparó la espada alisándola con cera, luego la bobina con el hilo de la trama. Debía ser cuidadoso porque solo un tejido haría.
El cisne no navegaba por el lago aun, porque el lago era solo un sueño.
Tensó el rollo plegador una vez más, la cala se abrió, puso la espada y el ba…

Conversaciones con un Diablo. (Relato hereje 3ª parte)

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 (El día anterior a las 11:40 horas) Corrí hasta la esquina donde está la carnicería de Roberto, el propietario y amante de mi exmujer, Ofelia. Al frente de la carnicería hay un bar, me senté y esperé; sé que cerca del mediodía suele formarse una cola de clientes que esperan ser atendidos. Este tío tiene buena carne, aunque se dice por allí que es de un matadero ilegal y es conocido como “Robalomos” por la misma causa. Cuando consideré que el gentío no llegaría a más, dejé el café a medio beber y crucé la calle. Desde el último de la cola, le grité: -¡Eh! ¡Robalomos! ¡Que eres un cornudillo, un incestuoso! ¡Que no te enteras de na’! ¡Incestuoso, pagapajas, cornudo e incestuoso! El carnicero dejó lo que estaba haciendo y cuchillo en mano salió. Al ver que se movía del mostrador salí disparado hasta el café y me senté en la mesa, como si nada hubiese ocurrido. Julián no pudo ver quién le había insultado, por lo que dio una vuelta por las mesas y se fue maldiciendo en voz alta. Esperé un cuarto…